La atención de la salud no se puede limitar a cuestiones físicas, como si las personas fuesen un cúmulo de órganos. Implica una atención integral, donde lo físico es tan importante como lo psíquico y lo social. Mientras los especialistas están en centros de avanzada y se dedican a un segmento del organismo humano, el médico de cabecera está inserto en la comunidad, más cerca y más disponible. Conoce la vida, los achaques, los problemas económicos y sociales de sus pacientes. Por eso su atención debe ser personalizada, continua e integral: tiene que hacer prevención, promoción de la salud, curar y contener afectivamente al paciente. Con estos conceptos el doctor Mateo Martínez -decano de la Facultad de Medicina de la UNT- trazó el perfil del médico de cabecera, al inaugurar ayer en el Colegio Médico las "Primeras Jornadas de Médicos de Cabecera del NOA", organizadas por el PAMI
"El gran problema de la ciencia médica -enfatizó- es que cada vez incorpora más tecnología y nada de humanización..."
También destacó que habla mucho de la calidad pero no de la calidez de la atención, algo que le preocupa como médico y como paciente que es.
El decano de Medicina advirtió que la relación médico-paciente es despareja: el enfermo está en inferioridad de condiciones, siente angustia y dolor, y el médico tiene el poder para aliviarlo o curarlo. "Ese poder implica más responsabilidad con la gente, y no más privilegiso", machacó. Y agregó: "nosotros vamos a ser tratados mañana como los viejos son tratados hoy".
Martínez recordó que la Facultad de Medicina está trabajando para modificar la currícula del médico generalista. Lo hará en forma consensuada con los colegios médicos, los ministros de Salud y las comisiones de Salud de las legislaturas del NOA.Pero sobre todo -y esto es importante y novedoso- teniendo en cuenta la opinión de la sociedad. Por eso se está haciendo una consulta, para que la gente diga cómo quiere ser atendida por el médico. En base a estos datos se modificará el plan de estudios.